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Archive for the ‘Kerthin’ Category

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En el silencio de un hospital, tres personas andando con paso rápido llama rápidamente la atención a cualquier atento vigilante, y hoy la suerte les había tocado en forma de Jano, hombre de mediana edad que había pagado un alto precio con el derrumbe de las empresas dot.net, había invertido sus ahorros, su futuro y su familia; perdiéndolo todo, a pesar de ello, realizaba su trabajo de vigilante como había hecho su contabilidad, con concentración absoluta, con rigor, implacable ante los decimales que bailaban en el PyG… y a los que buscaban salir del hospital a deshoras.

Encendiendo su linterna, sale al pasillo, en busca de decimales sueltos, los oye cuchichear tras una puerta, la abre y tan sólo ve las escalera de emergencia; más abajo se oye a uno de los decimales reirse por lo bajo, risa nerviosa, sabe que el contador le persigue. Lápiz y goma en mano, comienza a bajar las escaleras de dos en dos, sin importarle el ruido.

Uno de los decimales apremia a los otros, otro le responde “que nuestro pasado no nos coja”, “eso es” piensa el contable “yo os voy a dar un buen activo” mientras empieza a bajar las escaleras de tres en tres, en uno de los giros se resbala y choca contra la pared… la cabeza le arde y pierde la fuerza en sus piernas “no, no, no se pueden escapar, el balance tiene que estar equilibrado” y sale a trompicones por la puerta, gira a la derecha y ve como los tres decimales se van perdiendo “no lo puedo permitir”, agarra su goma y la dispara.

PAM

Algo silba cerca de su oído, ve como Kerthin se tropieza, le agarra para levantarlo pero el peso le deja sin aliento. Se para, se gira y ve al anciano lanzar un terrible grito al vigilante, éste se evapora… o eso cree Noah que ve todo a cámara lenta, sin sonido; baja la vista y alrededor de Kerthin empieza a notar un aura roja, levanta la vista y el anciano le mira triste.

¡Un hilo que no podrá iniciar la búsqueda! – murmura el anciano.

Sin darle tiempo a ubicarse, salen a la calle y a una velocidad imposible para su mente ralentizada llegan al parque.

El anciano le mira a los ojos.

Noah vuelve.

El anciano otea el horizonte, algo le disturba.

Noah, piensa, razona.

Una luz brillante se enciende en los ojos del anciano.

Desaparece.

Noah cae al suelo.

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El ominoso silencio de un hospital de noche, pasillos vacíos, con poca iluminación para favorecer el sueño de quienes pacen en él, y para permitir entrever formas que terminaron allí sus días y que siguen vagando por pasillos que ya ni existen.

Por una esquina aparecen Noah y Kerthin, la confianza y la preocupación mano a mano, la aventura y la desconfianza van dando pasos al mismo ritmo, directos a la habitación de un anciano que les atrae como a las polillas la luz.

Cuatro horas antes se habían vuelto a cruzar en el parque.

– ¡Hola extraño de vida distraída!

– Eh!… hola, hola ¿Noah?

– Así es, Kerthin – le responde encendiendose un cigarrillo con un mechero que apenas lanza una tenue llama.

-¿Sigues coleccionando momentos?

– Si, y tengo uno que quiero compartir contigo.

Mientras caminan por el pasillo, no dejaba de mirar a Noah e intentar ver qué era lo que le había convencido para formar parte de una operación de búsqueda y rescate de un anciano que tan sólo conocía de verle todo el día sentado en el mismo banco.

– ¿Qué tal tú vida, Kerthin?

– No me puedo quejar.

– Eso no es lo que dicen tus ojos – le responde Noah – tus ojos dicen que estás con ganas de mandarlo todo a la mierda y hacer alguna locura.

– Mis ojos siempre han sido un poco inconscientes, por suerte no les suelo hacer caso a menudo.

– En ese caso, lo que te voy a contar es sólo para tus ojos. Porque sólo ellos verán que en la locura de excarcelar a un anciano de una cama de hospital, está la libertad del alma.

No dejaba de asombrarse por su nuevo compañero, Kerthin parecía no querer estar allí pero era él quién le guiaba por los pasillos menos concurridos. Lo había convencido en apenas 15 minutos, sin embargo miraba más hacía atrás que hacía delante. En eso se parecían, ambos huían de su pasado, aunque no siempre corrían más.

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Café frío - Iñigo Icaza

Tres horas después, decide tirar el resto del café por el fregadero y no ir a correr, un poco tarde para correr de mañana. Sin embargo siente la necesidad de ir a la calle y pasear, reflexionar, perderse en la espesura de la selva e iniciar un viaje a través de su mente y renacer al salir del bosque como un nuevo ser. Es lo que siente, es lo que cree necesitar; pero totalmente convencido que la vida es una evolución constante y no una revolución.

Jenny tenía razón al decirle que tenía tomada ya la decisión, que en su mente había configurado, como si fuera una máquina, cómo iba a ser el final y estaba a la espera del detonante. El cual había sido claramente la reunión con los altos mandos y, especialmente, su conversación con Jon.

Sin embargo, no había pensado en ese siguiente paso, quizás contará como tal la meditación respecto a continuar o no con el ciclo, una posible vuelta al pueblo y llevar una vida sosegada, o seguir viviendo en la megaurbe con su experiencia adquirida tenía mucho que ofrecer; o quizás buscar nuevos retos en cualquier otro lugar.

En ese momento, suena el teléfono, un número desconocido.

–          ¿Dígame?

–          Hola Kerthin – se oye desde el otro lado de la línea – soy Jon, me acabo de enterar que has dejado la Firma ¿Te apetece tomar un café conmigo y celebrar nuestra nueva vida?.

–          Eeehhhh… bien, yo aún no sé qué es esa nueva vida, pero por mi bien – le responde.

–          ¡Perfecto! Y hablamos de esa tu esquiva nueva vida.


Sentado en la terraza con un café le espera Jon, se saludan y Kerthin pide otro café, los malos hábitos se cogen en el trabajo y no se dejan nunca.

Tras mucha charla intrascendente, de esta que mantienes para tantear a la otra persona, por fin Jon saca el tema del futuro.

–          Tras hablar con mi familia – empieza Jon – me han permitido que siga unos años más en activo y, en cierta manera, devuelva algo a la sociedad que le he quitado en la empresa anterior.

A partir de ese momento, le explica qué quiere abrir una nueva empresa de consultoría de personas, y la llama así porque aunque el mercado sean empresas y sus problemas de negocio, quiere que el enfoque principal sean las personas, todas aquellas que la compongan, le habla con determinación de horarios ininterrumpidos que permitan a las personas compaginar su vida personal y profesional, de la búsqueda de la implicación a través de la satisfacción y no de la adhesión a una bandera, etc.

–          Y Kerthin, quiero que tú seas mi mano derecha en este proyecto – finaliza Jon – para mi va a ser un proyecto temporal, tres ó cinco años para construirlo y ponerlo en marcha y a partir de entonces alguien con quién comparta una visión tendría que hacer cargo, y ese alguien eres tú.

Kerthin, se le queda mirando fijamente a los ojos, en ellos ve sinceridad y ciertas ganas de quitarse esa espina clavada, incluso cierta culpabilidad por haber alentado un modelo que ahora ve anticuado y poco propicio para el desarrollo personal.

–          Esta consultora tendría como parte de su ADN la filosofía KISS, ya sabes, Keep It Simple and Smart – reflexiona Kerthin –  además no debería de caer en la trampa del crecimiento continuo como objetivo vital, sino en la consecución de un tamaño que permitiera ser una empresa flexible y ágil, con personas con experiencia…

–          Creo que la última sigla significaba otra cosa – le responde Jon – pero…. ¡ves! Por eso tú eres la persona adecuada, con mi pequeña charla te basta para que tú mente se ponga a trabajar y estoy seguro que ya tienes una posible estrategia, una dirección clara y hasta la tipología de personas a contratar.

–          Bueno, si alguna vez me has oído hablar de mi teoría de los Patriotas y Mercenarios es posible que tú también la conozcas.

–          Sí, bueno, que sepas que por esa teoría estuviste a punto de irte a la calle – le comenta Jon – al menos, cierto jefe tuyo presionó para que así fuera, por no ondear la bandera de la firma con orgullo.

–          Lo sé, lo sé… fue bastante evidente lo que intentó.

Vuelven a quedarse en silencio varios minutos.

–          No me tienes que dar ahora una respuesta, Kerthin. Te esperaré el tiempo que sea necesario, mientras pienso hacer mucho ejercicio y mucha vida familiar así que tampoco corre prisa.

–          Gracias Jon, obviamente me estás ofreciendo una posibilidad única en mi vida. Y la verdad es que poco hay que pensar al respecto…

–          Si hay mucho que pensar – le corta Jon – no sólo es un proyecto puntual, esta decisión va a implicar una elección en el camino de la vida… una elección que te va a hacer estar jugando siempre en la cuerda floja y que te puede hacer caer fácilmente, como me pasó a mí, en el Camino a Ambición. ¡Piénsatelo bien!

Se levanta, se estrechan la mano y se marcha. Kerthin se queda de nuevo parado durante varias horas, el café se le vuelve a quedar frío.

 

 

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La fuerza de la costumbre le hace levantarse a las siete de la mañana, sin despertador, comienza su rutina como un día cualquiera, enciende la cafetera, se mete en la ducha, se limpia el pelo, se seca y se pone el traje, vuelve a la cocina, echa azucar al café y empieza a beberlo. En ese momento se dá cuenta, que ayer fue su último día. Lentamente se quita el traje y se pone ropa más cómoda, más deportiva, más para correr.

Jenny se levanta, con legañas en los ojos y despeinada, no parece el ángel con quién se fue a cenar, a esas horas nadie lo es. Entra en la ducha y tras una media hora larga sale de ella, se toma el café que Kerthin le ofrece. En él una sonrisa, en ella no tanto.

–          Espero que tengas un buen día en el trabajo.

–          ¿No vas a aparecer? – le pregunta Jenny.

–          No sabría que decirte… Si, voy a aparecer con unas cuantas bandejas de tortillas y bocadillitos de jamón.

–          Celebración por las despedidas.

–          ¡Sí! Nunca les ha sentado bien, especialmente a Javy – con una sonrisa en la cara.

–          Despedida y tocar los cojones un rato, así podríamos resumir tu aparición.

–          ¡Título perfecto para una diapositiva! Ponle una mano en primer plano y detrás de ella, al fondo, un tío sonriendo y es el mensaje a transmitir.

–          Sabes… te voy a echar de menos.

–          En la oficina apenas nos veíamos, hemos pasado más tiempo juntos esta noche que en el último año.

Jenny agacha la cabeza, él no lo ve, pero una lágrima surge de uno de sus ojos, ella tiene la certeza.

–          Kerthin, sé que esta noche te has despedido de todos y me has reservado un momento único y especial para mí. Te lo agradezco, pero…

–          ¡Un momento! ¿Cuándo he dicho yo que me voy? Amén de dejar la empresa, ni tan siquiera he sugerido que abandone la ciudad.

–          Kerthin, no nos habremos visto mucho pero te conozco y hemos compartido sueños, ideas y hasta alguna que otra locura. Y sé muy bien que no perteneces a este lugar, o más bien que él no te pertenece. Desconozco si volverás con Aina, al pueblo o querrás empezar de nuevo en algún otro lugar; pero sé que aquí no vas a estar mucho más tiempo.

–          ¡Guau! Esto… no sé qué decirte, la decisión de dejar la empresa la tome ayer.

–          Sabes bien que no, la decisión la tenías tomada, como la de acostarte conmigo, tan sólo te tomas tu tiempo hasta que una señal te hace llevarla a cabo.

Pero no te lo estoy echando en cara, en cierta manera te quiero y siempre he sabido que no íbamos a ser pareja y tener un futuro en común. Aunque me ha gustado cada rato que hemos vivido, siempre los viví como la última vez. Y ayer lo tuve especialmente claro que así iba a ser.

Ambos dos se quedan en silencio. Ella le da un beso largo y pausado. Se separan y ella se va. Él se queda un rato quieto, con la ropa de correr y la mirada perdida.

El café se queda frio.

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20:00

Lleva las tres últimas horas delante del ordenador, pensativo y de brazos cruzados.

20:07

Se despiden de él los últimos compañeros, salen pronto (al menos pronto para lo habitual) gracias al partido de semifinales del equipo de la ciudad. No es su equipo, a pesar de llevar viviendo varios años ahí, si tiene que seguir a alguno, le tira más el de su pequeño pueblo; una banda más que un equipo.

20:16

Sigue saltando de pensamiento en pensamiento, su cerebro se asemeja a un motor de búsqueda de Internet, recopilando información pero sin dar visos de inteligencia alguna.

20:22

Envía un correo electrónico a todos sus compañeros y un mensaje a Jenny.

20:30

Se levanta y lleva el ordenador al área de informática, allí lo deja.

20:35

Pasa por el Departamento de RRHH y deja su renuncia.

20:38

Empieza a recoger sus bártulos y limpiar la mesa.

20:40

Con sus escasas pertenencias sale por la puerta. En la puerta principal, se despide del guarda de seguridad.


Al cerrarse tras de él la puerta, respira profundamente. Le parece estúpido, pero siente como si acabara de salir de la cárcel, después de una condena de 4 años, 3 meses y 1 día; o como a su vena friki le gustaría pensar, acaba de solucionar el dilema del gato de Schrödinger; por primera vez, desde hace dos años, se siente vivo. Y aunque tiene ganas de hacer muchísimas cosas, decide ir primero a su casa, y hacer por primera y última vez el camino de vuelta andando.

Reflexiona sobre los dos últimos días que ha vivido, para remarcar dos hechos, decir a la Junta Directiva que se jubile y ver como Jon, el Ex-Señor Presidente, hace efectiva al día siguiente dicha dimisión; son palabras mayores y le han hecho reflexionar una vez más sobre lo que quiere para su vida. Y sigue sin saber qué es lo que quiere, pero sabe que el Camino a Ambición cobra un peaje que él no está dispuesto a pagar.

Con la mochila al hombro y ya sin corbata, parece un ejecutivo yendo al gimnasio; y por la sonrisa y la confianza sería el modelo ideal para esas fotos que se buscan con palabras como “éxito; fortuna”. Le hace gracia pensar que esas fotos, que tantas veces ha utilizado, precisamente sean gente que hayan dejado una empresa con esos dos palabras como bandera.

Anda despacio, sin auriculares ni música, con el móvil en silencio; escuchando cada uno de los sonidos de la ciudad, de una ciudad en silencio, a la expectativa de que algo ocurra. Camina por ella, como si estuviera en un páramo desconocido, con edificios haciendo de montañas, con palomas en el papel de aves rapaces y con vagabundos haciendo de hermanos aventureros.

No se trata de que fuera infeliz en la empresa, como todo el mundo tenía sus momentos malos y sus momentos gloriosos; quizás esa cultura de Up or Out (Promocionas de puesto o a la calle) mal entendida por parte de muchos de sus compañeros y jefes, no encajase con su forma de ser; y le había metido en guerras no deseadas contra enemigos no solicitados. Pero a pesar de ello, había disfrutado haciendo su trabajo y creía que lo había hecho bastante bien ¡El Seño… Jon le había felicitado varias veces por ello! La verdad, es que podía estar bastante orgulloso de sí mismo.

Al llegar al parque, ralentiza el paso, igual que el aventurero que llega al oasis o a un refugio, su mirada fotografía cada zona por la cual ha pasado los últimos años. Aún siendo de noche, es capaz de superponer las escenas cotidianas que ha vivido: La rubia de top azul corriendo con su visera, haga sol o llueva, un padre de familia sacando a pasear al ya no tan cachorro, los pavos reales pavoneándose ante los cisnes, aquel señor mayor con boina y bastón que le saluda todas las mañanas. Al enfocar la vista, ve que las escenas son otras, dos jóvenes corriendo con su música, varias parejas haciendo arrumacos donde creen que nadie les puede ver; un grupo de chavales trapicheando con droga; quizás por la noche, las vistas no sean tan idílicas como por la mañana.

El hecho de no poder salir con Jenny era un serio inconveniente, pero ni de largo razón para salir de la empresa; si así hubiera sido, lo hubiera hecho tres años atrás. Era más bien esa indefinición que sobrevuela a su alrededor desde que había llegado a la ciudad, había ido en busca de nuevos proyectos, nuevas experiencias y la ciudad parecía el mejor lugar para empezar, pero no terminaba de encontrarse a sí mismo… y algo le dice que se trata una tarea lo suficientemente difícil para que le lleve el resto de su vida. ¡Una vida entera sin asentarse y estar a gusto consigo mismo! Es algo duro incluso de pensar, le habían educado para tener pareja, hijos, un par de perros y vivir con lo necesario para ser feliz en familia, la supervivencia de la raza disfrazada de comodidad. A día de hoy no tenía nada de eso y aunque en los últimos años había renunciado a ese “sueño”, su vieja educación seguía tirando de él, como un agujero negro de galaxias enteras.

Bucle infinito, lucha constante, pax impuesta a duras penas, negociaciones continuas para definirse y definir su objetivo en la vida; de vez en cuando se hartaba de todo y le entraban ganas de coger lo básico e irse a otro lugar, pero hasta eso era cíclico, había dejado su pueblo para ir a la ciudad, ahora quería dejar la ciudad para volver al pueblo ¿Hasta cuándo iba a estar así? Si se fuera a otro sitio el ciclo continuaría igual, dado que es él quien define el ciclo.

– ¿Y así toda la vida? – pregunta en voz alta, mirando a un cielo oscuro que no devuelve respuesta alguna, nunca lo ha hecho – No, en serio – ya sólo en murmullos – ¿Qué cojones hago con mi vida? Hace 10 minutos he tomado una decisión que me ha liberado y alegrado y ya estoy otra vez comiéndome la cabeza ¡Esto es gula! ¡y es pecado mortal! Vamos a cometer unos pocos más y luego, una vez pasada la resaca, ya pensaré qué hago con mi vida.

Y en ese momento, en su mente aparecieron dos imágenes: la interrumpida Jenny y la nunca finalizada Aina, su novia del pueblo.

– Vale, y en ese “pensaré” no podrá haber mujeres, que visto lo visto si no hay una, no parece que tenga vida.

Ya en la salida del parque, se tropieza con alguien, el golpe hace que se le caiga su mochila y su cigarro.

– Perdona, iba distraído.

– Y hablando solo, síntoma de locura.

Se le queda mirando, le suena vagamente familiar, pantalones vaqueros rotos a la altura de las rodillas, una camiseta a rayas y un pañuelo negro que ha visto muchas veces en la televisión, normalmente asociado a gente que lanza botellas con gasolina, la mochila y el cigarro, una vez más en su boca.

– Si, algo así me dijeron ayer y también me aconsejaron que nunca la pierda.

– Estoy de acuerdo, que sea tu mochila de viaje en el camino de tu vida.

Sus respuestas le sorprenden, por el deje en su voz tampoco es de la ciudad y es posible que ni del país. Como no estar por labor de pensar y menos de hacer juicios de valor decide seguir su camino.

– Ya siento el descuido, feliz viaje.

– Tranquilo, es un momento en mi vida que me ha gustado experimentar y que pienso llevar conmigo en el resto de mi camino – tras lo cual, coge su cigarro, lo mete dentro de su cuaderno, anota algo – Perdona ¿Cómo te llamas?

– Eehhhh Kerthin ¿Y tú? – responde sin saber muy bien que responder al resto de la frase.

– Yo, Noah – Anota el nombre de Kerthin, mira a su alrededor y parece que hace un rápido esbozo.

– Hasta la vista entonces coleccionista de momentos.

– Hasta la vista, hombre de vida distraída.

Sonriendo otra vez, sale del parque, enfila su calle, calle larga y recta, en cuesta arriba, hasta su morada. Por el camino saborea cada último paso, cada escaparate y escena que ve todas las mañanas, pero desde el ángulo contrario; cada esquina, cada tienda, cada kiosco, visto desde el otro lado, desde su nuevo lado; el que se aleja. Caminando piensa qué hacer con Jenny, romper amarras con el pasado o mantener lo mejor de esa época que toca a su fin. Le llama.


01:32

Se separa de Jenny, sus dos cuerpos sudados hacen un pequeño “swwwwup” antes de despegarse. Recuerda con placer la cena, las copas de después y lo que acaba de ocurrir. Se siente feliz, pero no del todo satisfecho.

3:07

Ambos dos se queda dormidos, ya satisfechos.

Un último pensamiento cruza por su cabeza: “Mañana voy a correr al parque, para que todos vean que ya no voy a trabajar”.

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Un reflejo de un sol naranja se posa sobre los cristales de sus gafas, rebotando sobre la pantalla, el reflejo se recrea jugando con los gráficos y sus colores, saltando entre pirámides, círculos y grandes letras. Mientras mueve su cara, el reflejo naranja le sigue el juego, permitiendole pintar con su mirada como si fuera un hijo del Dios Sol.

Una vez leí que el hombre moderno se pierde los grandes placeres que la madre naturaleza nos regala a la humanidad, cuando lo leí, le dí la razón; hoy me parece que aquella persona era un imbécil. No necesito escalar hasta la cumbre de una montaña para ver un atardecer.

Sonriendo, se levanta y con el reflejo plácidamente tumbado en el cristal se deja guiar, hasta un gran ventanal, desde los 120 metros de altura se domina toda la ciudad; el reflejo se va haciendo cada vez más grande según se acerca, se yergue y orgulloso saluda a su padre.

Me basta con acercarme a la ventana y lo puedo ver, sin el esfuerzo de subir, el frío de la cima y con todas las comodidades del “hombre moderno”. Y la belleza de este instante es la misma, quizás estemos en lugares diferentes, pero vemos el mismo sol, la misma puesta de sol, los mismos colores naranjas.

El reflejo poco a poco va languideciendo, cansado ya después de un largo día jugando por toda la ciudad, hasta que con un “clinc” desaparece para irse a domir… o quizás a otra parte del mundo a seguir jugando eternamente.

Y ahora a esa persona le tocará descender, rápidamente porque se hace de noche, con los peligros que ello conlleva; yo sin embargo, puedo coger el ascensor y después el metro y MAGIA estoy en casa. En fin, lo importante es participar que diría aquel.

A su alrededor ya no queda nadie, sólo él, hasta sus jefes se han ido a su casa. El rey de la montaña de cristal y acero. Se sienta en su silla, medita y decide hacer algo que sólo el el moderno rey de la montaña puede hacer.

Vienna

YuuuuuuuuuuuuuuuuuuHUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

Impulsa con más fuerza su silla mientras va volando entre los cubículos, a través del pasillo, hacia el ascensor.

ÁBRETE ASCENSOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOR Y LLÉVAME A LA LIBERTAD DEL MUNDO EXTERIOR.

Cierra con fuerza sus ojos y desea con todas sus fuerzas que el ascensor se abra para él. DING La puerta se abre y él entra con su montura en el ascensor.

– Trabajando hasta tarde, Kerthin.

– Eh… hola, si Señor Presidente… pero cómo ve ya me iba.

El Señor Presidente sonríe y cierra los ojos, por un momento se evade y piensa que es él quién está volviendo a utilizar la silla como su caballo, cabalgando en búsqueda de damas que rescatar ¡que tiempos aquellos!

– Sabe Kerthin – aún con los ojos cerrados – esto no sé si le gustará o no, pero usted me recuerda a mi con su edad: Joven, brillante, trabajador, esforzado y con un poquito de locura cuando las circunstancias se lo permiten. ¡No pierda eso nunca, Kerthin! Dejará de ser joven, encontrará gente más brillante, más trabajadora y que se esfuerce más que usted; pero en este mundo en el que vivimos, nunca encontrará gente con ese ápice de locura que le hace utilizar la silla como coche de carreras, plantarse en una reunión con la Junta Directiva y recomendarles que se jubilen.

No, ni se le ocurra pedir perdón por ello – le corta a Kerthin – Nos ha hecho reflexionar un largo rato y yo estoy totalmente de acuerdo con usted, ya va siendo hora de ver que mi hijita es toda una mujer a punto de terminar su carrera y empezar a trabajar, ya va siendo hora de que mi mujer y yo nos regalemos más que unos pocos días de vacaciones en Paradores de Lujo, sino un par de meses en un apartamento en alguna playa remota. Toda la vida luchando por tener los mejores recursos, me ha hecho perderme los mejores momentos.

– Señor, no estoy de acuerdo con usted. Quizás ya no tenga la fuerza de la juventud, pero ahora usted es más sabio y ha aprendido a valorar y saborear cada instante de felicidad y tristeza.

– Jajajaja Tiene usted mucha razón y veo que hoy es el día en el que usted me da lecciones a mi y se lo agradezco.

– Un placer Señor Presidente.

– Llámame Jon, si Jon, un nombre la mar de corriente y normal ¿O acaso te crees que mi madre me puso Señor Presidente de nombre?.

– No Señ… Jon, es más, sabía su nombre pero es la primera vez que lo oigo en boca de alguien. Me alegro que haya sido de la suya.

DING

– Me imagino que volverás a subir a por tu chaqueta y el resto de tus pertenencias.

– Ah…. si, es posible.

– Recógelas y vete de fiesta, mañana no vengas hasta la tarde. Si alguien te dice algo, diles que Jon te lo ha dicho. ¡Ah! Y permíteme que te de un consejo de sabio anciano: Valora y saborea cada día de tu vida, desde hoy mismo.

– Muchas gracias Jon y feliz noche.

– A ti Kerthin, larga vida y prosperidad.

Vuelve a pulsar el botón de la planta 47, sentado en su montura sonríe cada vez más. No sólo puede disfrutar de los placeres de la naturaleza, sino que además tiene la capacidad para hacer la vida de la gente cercana un poquito mejor.

¿La gente cercana? Pero si es el Señor Presidente, bueno, Jon para los íntimos jejejeje y para los trekkies jajajaja. Marchando una de caso para el Señor… para Jon.

Y así fue que Kerthin cogió sus bártulos y se marchó de fiesta.

Y así fue que Kerthin se levantó al mediodía del día siguiente, comió y se fue a trabajar.

Y así fue que abrió su correo, terminó una nueva presentación, leyó el periódico, los mensajes de las redes sociales y habló con su compañeros durante el café.

Y así fue que se volvió a sentar y recibió un correo muy personal.

17:00

Jon deja la firma.

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Se oyen los ruidos del tráfico, el fax imprimiendo, las secretarías atendiendo llamadas, las voces de sus compañeros, la canción que habla de él en la radio “I’m an alien I’m a legal alien” y ante él la pantalla del portátil, una hoja digital en blanco a la espera de que le haga perder su virginidad con letras, números y gráficos, bonitos gráficos para números feos. De eso trata su trabajo, convertir hojas en blanco en cuadros, para luego presentárselas a alguien, que le hará cambios, tras los cuales se las presentará (algunas veces le toca a él hacerlo) a unos terceros que tomaran decisiones, grandes decisiones. ¡Es un artista, que pinta un lienzo con tinta digital!

– Kerthin – le saca de su pensamientos la secretaria del Presidente – te llaman de la Junta Directiva – lo dice con mayúsculas, como lo ve escrito por toda partes.

– Muchas gracias Mery – hace una pausa para respirar – voy para allí – a la planta noble.
De camino al ascensor, aún con la canción en la cabeza “If, ‘Manners maketh man’ as someone said / Then he’s the hero of the day”, coge un poco de agua, agua de marca en vaso de plástico; y empieza a pensar en la paradoja que eso supone, lo que sea para no pensar que esta vez le ha tocado él bailar con la más rica y noble del lugar.

Al llegar al ascensor se encuentra con Jenny, se sonríen, sonrisas cómplices de quienes han compartido algo más que horas de trabajo. Ella fue con quién rompió aquella regla no escrita que dice “Donde tengas la olla, no metas la…” DING! Se abren las puertas, por señas le dice que baja, él le responde que sube, también por señas. Desde que terminó su “ilícita” relación no han vuelto a cruzar palabra, sólo gestos, sonrisas y miradas; desafiándose mutuamente para que el otro sea el primero en hablar y dejar la empresa y así poder tener una relación completa, sana y conocida por todos. “It takes a man to suffer ignorance and smile / Be yourself no matter what they say”

Por fin llega a las puertas de la Sala del Consejo de Junta Directiva, las letras en plateado sobre madera caoba oscura, sin demostrar ostentación sino que seriedad y profesionalidad. Sabe que cuando abra esas puertas el panorama será humo intenso, olor a cigarros y café, migajas de pastas y botellas de cristal ya sin agua. El panorama de las grandes decisiones. Y les faltará el bonito gráfico, el que lleva en su pendrive y en hojas impresas con todos los colores corporativos.

Llama a la puerta y la abre suavemente, es la manera de pedir permiso y dar tiempo a que todos sean conscientes de que alguien entra en la sala, alguien ajeno a ellos.

Al entrar, se queda quieto, sorprendido, todos con chaqueta, las corbatas bien anudadas y bien apretadas; todos le miran, no hay humo, ni cafés, ni olor a tabaco. El ambiente es tenso.

– Buenos días Kerthin, por favor, pasa y siéntate – le invita el Presidente – Te hemos llamado para que nos deslumbres con esos cuadros que nos suelen iluminar el camino – no usa la jerga empresarial, sino una más, a su manera, poética, eso también le sorprende.

– Buenos días caballeros – les responde con voz trémula, no se acostumbra a hablar ante ellos – les he traído los datos que me solicitaron, respecto de las posibles tendencias futuras del market de los commodities, en las cuales les he incluido nuestros prototipos; así como los productos de la competencia y los productos sustitutivos que desde Market Intelligence entienden que deberíamos vigilar de cerca.

Les pasa a cada uno de ellos la transparencia (slide según su anterior jefe), mientras la proyecta en la pared blanca. Se vuelve a sentir como un artista en el día de la inauguración, aunque esta vez sin alabanzas. Mal pintan las cosas.

– Gracias Kerthin – responde el CFO (Chief Financial Officer) – ¿Qué crees que deberíamos hacer?

Kerthin se le queda mirando sin comprender, parece que el comprador le está pidiendo su opinión sobre qué tiene que hacer con el cuadro… Y la única respuesta que podría darle “cuélgalo de una pared blanca, vacía”. “Modesty, propriety can lead to notoriety / You could end up as the only one”

– No le estoy entendiendo bien ¿Qué podríamos hacer con respecto a qué?

– Respecto al futuro de esta organización – interviene el Market & Products & Placements Manager.

En ese momento empieza a unir los puntos, como en los dibujos infantiles, y acaba viendo el perro, un perro viejo, con moscas revoloteando. Ese perro que pertenece a una matriz, que según su profesor del MBA es sinónimo de coger la escopeta y pegarle un piadoso tiro en la nuca. Se da cuenta que esa es su empresa y así lo dice su gráfica, la competencia tiene productos estrella o productos muy rentables, pero ellos sólo tienen productos obsoletos y dos proyectos que son completas incógnitas en mercados copados por la competencia. Se han quedado atrás en la carrera. “Takes more than combat gear to make a man / Takes more than a license for a gun”

De repente, esos hombres tan serios e importantes le parecen los entrañables viejecitos del parque, que dando de comer a las palomas sólo saben hablar de tiempos pasados, más sencillos, de cuando la gente vivía en familia.

Un pensamiento cruel le pasa por la mente, ellos cambiaron aquella sociedad apacible a la feroz competencia que es hoy; pero no es cierto, no fueron ellos, lo hemos hecho entre todos, con nuestras gráficas, nuestra subidas de precios a clientes y bajadas a proveedores, nuestros cambios de residencias del barrio a la urbanización con garaje y piscina, nuestro querer que los hijos vayan a la universidad o hagan ese oficio en el cual van a ganar más dinero.

Piensa en esa transparencia, esa en la que cada uno vería los verdaderos causantes del cambio, en vez de echar las culpas a la economía, la globalización, el capitalismo o los políticos. “Gentleness, sobriety are rare in this society / At night a candle’s brighter than the sun”.

Pero baja a la tierra, les vuelve a mirar. Realmente esperan una respuesta, una que no esté en esa gráfica. Y la conoce.

– Creo…. – ojos tristes le miran, ellos saben la respuesta – creo que deberían contratar a un nuevo equipo de gestión, venderles la empresa e irse a sus casas con sus mujeres y familia y disfrutar de la vida. “Confront your enemies, avoid them when you can / A gentleman will walk but never run”.

Algunos sonríen esperanzados, los menos; otro se entristecen aún más, por el camino han ido perdiendo a mujeres y familia, no todos pueden pagar el peaje del camino a Ambición.

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